La muestra yuxtapone lo natural y lo artificial, conjugando objetos distintos en un escenario común. Cada pieza del conjunto propone una metáfora, una simulación de los procesos de adaptación que enfrenta la naturaleza ante la presencia ajena de lo artificial.

Mediante objetos encontrados, ensambles y dibujos se rescata una serie de especies propias de la vegetación costarricense. Con el ánimo de construir diversas significaciones en torno a la identidad de nuestro lenguaje, cada obra contiene en si misma, enunciados exóticos y juegos de palabras que combinan apropiaciones de nombres comunes de la flora nacional con términos de distinta índole.

Las piezas se sitúan en un punto medio entre la biología y la ficción, mezclando factores reconocibles y antagónicos en un ambiente inusual. “Artificialia” y “Naturalia” se reúnen una al lado de la otra, en lo que pareciera ser un gabinete de curiosidades local.

 

El último lorito