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Nulla dies sine linea

Durante el Renacimiento el disegno, que incluía tanto la habilidad para realizar un dibujo y la capacidad de concebir una bella invención (es decir, de idear una adecuada composición: lo que hoy entendemos por diseño), se conceptuó como el padre y fundamento esencial de las artes visuales. Idénticamente, era la representación de la figura humana la que era considerada el objetivo más alto del disegno.

Desde el punto de vista de los artífices y teóricos florentinos, el disegno representaba una labor eminentemente intelectual. El dibujo, entonces, era la concreción material de una Idea. Así, disegno designaba una actividad mental y la expresión visual de esta, mediante la cual, se pone de manifiesto no solo la captación de las apariencias externas, sino también la invenzione, es decir, una composición bella y adecuada que expresase de forma clara y distinta el contenido de la obra de arte.

Por lo tanto, el disegno era considerado el factor unificador de la labor del artista, así como el vínculo fundamental entre la actividad del pintor, el escultor y el arquitecto. Desde este punto de vista, entonces, todos ellos habrían de partir del disegno, en tanto proceso mental y actividad intelectual, para el planeamiento y la creación de sus obras.

Así, desde el Renacimiento y como herencia fundamental suya, las academias para la enseñanza de las artes colocaron el dibujo en un lugar central dentro de la organización de sus programas de estudio. Por lo tanto, el dibujo ha tenido un papel protagónico en la teoría y práctica de las artes en el mundo occidental hasta el día de hoy.

A pesar de que en el mercado artístico actual, las formas tradicionales de producción plástica han sido desplazadas, el dibujo mantiene incólume su poder de fascinación. La magia se produce cuando con unos recursos mínimos, líneas de diferente grosor e intensidad, manchas, tramas, etc., la superficie plana y límpida de la hoja da paso a un espacio dentro del cual las formas interactúan de diversa manera para establecer una composición tridimensional que apela a nuestra experiencia y niega la realidad del soporte.

En esta ocasión, el joven artista Luis Morales, Moralegui, quien se ha consagrado al dibujo por más de una década, nos presenta una muestra que reúne una selección de su producción. Dominan en su obra la figura y el retrato femenino. Estas mujeres, que nos enfrentan desde sus marcos, existen cada una en una realidad diferente, algunas veces nos remiten a la ternura, otras enfatizan la sensualidad, otras nos confrontan directamente, etc. Todas, empero, demandan nuestra atención.

Con sutiles líneas, manchas desenfadadas y complejos juegos de espacios negativos y positivos y distintos niveles de acabado, Moralegui estructura las figuras y las composiciones de sus dibujos, los cuales, a pesar de poseer, la mayoría de las veces, pocos elementos, delatan una consagrada capacidad para equilibrar las masas y los elementos de la composición en conjuntos armoniosos.

Morales, quien no es ningún amateur en estos oficios, pues ha expuesto muchas veces individual y colectivamente, hace honor con sus obras a la larga tradición que lleva en sus hombros y al consejo de Eugène Viollet-le-Duc: Nulla dies sine linea (Ningún día sin una línea).

Edgar Ulloa Historiador del arte 

Retrato 5 Grafito sobre papel

Retrato 5 Grafito sobre papel

By | 2017-03-02T13:55:20+00:00 Julio 11th, 2016|0 Comments